—¿Pero qué…? —balbuceó la señora López, soltando el abrigo—. ¡Un elefante en la sala de estar!
—¡Yo puedo limpiar mejor que un robot! —dijo, usando su tronco para recoger el correo del buzón y organizar los libros.
Los niños salieron corriendo a verlo. El elefante los observó con sus grandes ojos y los saludó con un sonoro que les sacudió las paredes.