Ebrose lo miró con atención, percibiendo la desesperación y la culpa que emanaban del caballero.
El caballero desmontó su caballo y se acercó al septón. Con un movimiento lento, se quitó el yelmo, revelando un rostro pálido y demacrado, con ojos que parecían haber visto demasiado. Ebrose lo miró con atención, percibiendo la desesperación
Mientras cabalgaba, el caballero misterioso se cruzó con un grupo de leñadores que regresaban a su aldea, cargados de leña y herramientas. Estos, intrigados por la presencia del forastero, se detuvieron a observarlo. Ebrose lo miró con atención
El caballero se alejó, desapareciendo en la distancia, mientras Ebrose y los peregrinos lo veían partir con una mezcla de curiosidad y esperanza. se quitó el yelmo